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Karen Martínez, la única dueña de la camisa negra y el corazón de Juanes En exclusiva para C esta bella cartagenera nos recibió en su apartamento en Miami y nos contó cómo es estar casada con una estrella del rock. Mientras los asistentes al Parlamento Europeo cantaban el tema “Fíjate bien” junto a un rockero colombiano que intenta sensibilizar al mundo sobre las minas antipersona, en Miami una joven e inteligente mujer aplaudía con sus dos pequeñas, Paloma y Luna, y sentía el mismo orgullo que cualquiera de sus fans al saber que su esposo estaba haciendo un importante aporte a este tema de las minas. Desde hace x años Karen Martínez comparte su vida con Juan Esteban Aristizábal, el cantante que “habla español” y que la semana pasada hizo cantar en ese idioma a los japoneses. Se conocieron precisamente cuando grababan el video de este disco, al cual ella fue como modelo. Hicieron clic desde el primer momento y el resto, como dice la misma Karen, “ya es historia”. Muchas cosas han pasado desde aquella época en que decidieron irse a vivir juntos a un apartamento en Bogotá, donde el tiempo les alcanzaba para cocinar, invitar amigos y rumbear. Karen había terminado su labor como reina y trabajaba en el noticiero TV HOY y Juanes estaba luchando para que su talento fuera reconocido. Pero al tiempo con el amor les llegó la fama. Ella empezó a grabar novelas (hizo Amor a mil y Sofía dame tiempo) y Juanes, de la mano de Fernan Martínez, empezó a hacer realidad sus sueños. “El éxito es una cosa que ha llegado y que se suma a todo lo que ha sido nuestra relación, pero yo lo sigo queriendo igual y me siento orgullosa y emocionada, como todos los colombianos, de verlo triunfar”, dice Karen. Hoy la familia completa, de la cual hacen parte sus hijas Luna y Paloma, vive en un cálido apartamento en Miami. Un lugar que, dicho sea de paso, habla muy bien de los dueños. Cero ostentoso y con una decoración a la que no le sobra o le hace falta nada. “Alguien nos ayudó a decorarlo pero la verdad es que muchas cosas las imaginamos antes. Esta mesa por ejemplo - dice ella señalando la de comedor que tiene como base varias guaduas- es tal y como yo la quería”. Allí recibió Karen al equipo de la revista C. Llegó cumplida, y eso que estaba en una presentación del colegio de su hija, vestida de jeans y con una sonrisa radiante. Era un día especial y Luna había asistido a la presentación vestida con el traje típico de campesina colombiana. Nos ofrecieron enyucado (torta típica de la costa), preparado por una cartagenera que trabaja con la familia, y durante todo el tiempo que estuvimos allí respiramos un verdadero aire de hogar. Mientras Juanes no está, porque obviamente su carrera lo obliga a viajar mucho, hablan tantas veces por teléfono que Karen no puede saber cuántas son. Además, la tecnología les ayuda a estar conectados: todos los días chatean y se ven por medio de una cámara conectada al computador. Cuando está, es un padre de familia entregado de los que cambian pañales y hacen castillos de arena en la playa. “Cuando las niñas se despertaban de noche, y yo no lo llamaba, me decía: ‘despiértame, llámame que yo quiero ayudar’”, recuerda su esposa. También le gusta que las cosas estén en orden; “claro, sin ser obsesivo”, aclara Karen y “no es de los que andan tirando la ropa por ahí y en cambio si ayuda a recoger y a hacer orden”. Sus planes son muy familiares porque tratan de recuperar el tiempo que les quita su trabajo. “Yo creo que si le sobrara tiempo una de las cosas que haría sería cocinar, porque le fascina y además se vanagloria de preparar los mejores huevos del mundo”. Cuando se trata de lidiar con las niñas, Karen confiesa que él es muy nervioso y entra en pánico cada vez que algo les pasa a las chiquitas. “Por ejemplo, si alguna tiene fiebre se angustia muchísimo mientras que yo lo tomo con más calma y no empiezo a imaginarme cosas que todavía no han pasado”. Como sucede en muchos hogares, la tarea de regañar le toca a la mamá porque “él se pone fuerte y después se arrepiente”. No salen mucho, pero en cambio aprovechan su bello apartamento para invitar amigos a tomar una copa de vino y a escuchar música. Y por supuesto hacen lo de cualquier familia: pedir pizza, jugar o ver televisión. Karen brilla con luz propia Además de cumplir con la tarea de criar y educar a sus dos hijas y encargarse de las labores de la casa, tiene sus propios proyectos profesionales. Acaba de terminar unos cursos de periodismo, se inscribió a la universidad y asiste sagradamente al gimnasio, lo cual evidentemente se le nota porque a pesar de haber tenido una bebé hace menos de un año, tiene un cuerpo espectacular. Le gusta estar pendiente de todo lo que tiene que ver con la casa y disfruta haciendo mercado: “además aquí en los Estados Unidos te toca hacerlo porque no es como en Colombia que uno llama a la tienda y te traen todo a domicilio”, dice. Ahora que Paloma tiene once meses quiere empezar a trabajar. “Estoy llena de energía y de ganas de regresar porque me hace fata el trabajo”. Y aunque no cuenta nada, parece que ya tiene algunas propuestas en los canales de Miami. Los sacrificios de la fama El día del nacimiento de Paloma fue el segundo día más importante para la familia Aristizábal- Martínez (el primero fue cuando nació Luna). Juanes alcanzó a llegar para apretar la mano de su esposa, que soportaba con valentía un segundo parto natural. Le dio la bienvenida al mundo a Paloma, la acompañó la primera noche y al otro día tuvo que viajar a cumplir con uno de sus compromisos en cualquier parte del mundo. Sólo después de 15 días pudo llegar a hacer lo que seguramente deseó estar haciendo mientras sonreía a sus fans en ese inoportuno viaje: cambiar pañales y ver cómo la pequeña se enfrentaba al nuevo mundo. “Gajes del oficio”, dirían algunos. Pero son gajes que Karen ha sabido sortear: “Yo no estoy sola, estoy con mis hijas y ellas me dan mucha felicidad. Con Juan siempre estamos en contacto y si me pasa algo o me siento triste, lo llamo y él está ahí. Creo que hay que ver siempre las cosas de una manera alegre y aunque a veces estar alejados es duro, también reencontrarnos es una maravilla”. Por supuesto ha habido temporadas donde ha tenido que viajar mucho, como el año pasado que fue cuando nació Paloma y, como ella estaba embarazada, no lo podía acompañar. Pero en cambio cuando nació Luna él estaba en la gira de Un día normal y alcanzó a coordinar para quedarse con ellas tres meses. Dos días antes del parto Juanes se ganó los cinco Grammy y Karen estuvo con su esposo rumbeando y festejando en una discoteca con “una barriga de este porte y hasta las cinco de la mañana”, dice, mostrando con sus manos. Que su esposo haya tenido que salir corriendo luego del nacimiento de Paloma, es una de las cosas complicadas de estar casada con una estrella del rock, pero: “Estuvo en mis dos partos y muerto de nervios me agarró fuerte la mano. Eso era lo que yo necesitaba en esos momentos, estar al lado de la persona que amo”, concluye Karen. |
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