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SAMY BENMAYOR, ARTISTA VISUAL
“Todos los artistas somos
ladrones”
Saltó a la fama en los ’80, se
consolidó en los ’90 cuando, junto a cuatro artistas, fue parte de
la delegación chilena a la Expo de Sevilla, y hoy es quien aparece
en un comercial de TV anunciando platos diseñados por él. Aquí,
Benmayor habla de cómo se gestó el spot publicitario, de su
adhesión por Bachelet y del medio artístico chileno.
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Gonzalo León
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Nación Domingo
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El pintor que se hizo famoso por su vaca y
su estilo naïf no está en su taller de calle Girardi, en la comuna
de Providencia. Pese a que acordamos el mediodía para la
entrevista, Samy Benmayor no aparece por ninguna parte. Mejor será
observar con detención. Hummm. Debajo del timbre del portón hay una
leyenda que nos podría dar una señal: “Timbre malo”. Y en la
manilla, otra igual de sugerente: “Manilla asesina”.
Cuando estoy por irme llega un taxi y, de él, desciende nada
menos que Carlos “Bororo” Maturana, colega de Benmayor, quien junto
a Matías Pinto D’Aguiar acaban de inaugurar en la Corporación
Cultural de Las Condes la exposición “Figuras de los ’80”. Imagino
que Bororo comparte taller con Samy, pero no: saca unas llaves,
abre un candado y entra a la casa colindante. Bororo invita a
pasar. Una vez adentro cuenta lo impactante que fue diseñar el
afiche para un acto en Villa Grimaldi, hace ya una semana. Nunca
había estado ahí, apunta, y fue fuerte ver los abedules que crecían
por aquí y por allá. Ante la pregunta del porqué de los dos
talleres juntos, dice que es como el Museo de Bellas Artes y el de
Arte Contemporáneo en el Parque Forestal. Y cuando se apresta a
explicar esto, a metros escuchamos unos ruidos.
Bororo sale a ver. Es Samy Benmayor, quien baja de su vehículo
cargando una olla con naranjas y verduras. El almuerzo, explica, y
luego pide que cargue la olla para que pueda abrir el portón que
incluye a la manilla asesina. Bororo se despide, y la entrevista
por fin comienza.
–No deja de ser impactante ver a un artista haciendo un
comercial de TV, y más todavía si consideramos que es para
Redcompra.
–Mira, te voy a contar cómo empezó todo. Hace años hubo una
crisis, parece que fue la del ’97. Entonces, un amigo pintor me
llamó para decirme que tenía a un posible comprador, una especie de
empresario, y bueno, vino a mi taller y ofreció comprar varias
obras en algunos millones. Pero yo me hice el desinteresado, y mi
amigo que estaba detrás de este comprador me hacía gestos, me
suplicaba para que yo aceptara. Al verlo así me hice más de rogar.
Cuento corto: se llevó varias pinturas. Tiempo después le obsequié
unos platos que había diseñado en señal de agradecimiento y un buen
día me llamó para ofrecerme la posibilidad de diseñar unas
vajillas, pero esta vez a gran escala, y a mí me pareció total.
–Ya, pero eso fue hace mucho tiempo. ¿Cómo fue grabar el
comercial?
–Para ser sinceros, yo no sabía a lo que me estaba exponiendo y,
es más, cuando me dijeron que yo debía aparecer en el comercial, lo
encontré terrible, pero luego recapacité pensando en que los platos
serían recordados y no yo haciendo ese comercial. Además, a esa
vajilla le puse toda mi dedicación y hueveé harto para que saliera
bien.
–Estábamos en el comercial…
–Ah, sí. Y el día de la grabación yo no estaba en uno de mis
mejores momentos. Además, eso de que te maquillen y te lleven a un
set no es muy agradable. Por fortuna, el director se percató de mi
estado de ánimo y se lo comunicó a la maquilladora, una peruana muy
atractiva, quien de pronto agarró un palo imaginario y empezó a
hacerme un show erótico, como si estuviera en un topless. A mí me
pareció tan chistosa la situación que me puse a reír y no paré.
–Al momento de grabar el comercial, ¿fuiste consciente de que
el medio artístico podría criticarte?
–Nadie, hasta el momento, me ha criticado mucho.
–Pero de todas maneras, el medio artístico chileno no se ha
sacado esa concepción de que el arte no puede ofrecerse por TV ni
menos comercializarse.
–Esa concepción es absurda. Además, al medio artístico yo le di
mucha importancia cuando era joven, pero ahora soy viejo y tengo
que hacer cosas, y no sé si me dé el tiempo para hacerlas, así es
que no me ocupo mucho de lo que digan los demás. Ahora, sí creo que
a mucha gente le encanta ver al artista borracho, drogado y pobre.
Sin ir más lejos, me acuerdo de una entrevista de un viejo
asqueroso a un rockero joven en la tele. El chico había conseguido
por fin un éxito, pero el entrevistador, en vez de felicitarlo, le
dijo: “¿No sientes que con este éxito te has vendido al
capitalismo?”.
EL ARTE DE…
–¿Cómo definirías a los artistas, entonces?
–Los artistas somos los locos del pueblo. Somos el inconsciente
colectivo que se manifiesta a través de un lenguaje plástico. Pero
en cierto sentido también podemos ser vistos como unos ladrones.
Picasso, por ejemplo, sacó casi toda su obra de ciertos motivos de
las vajillas griegas. Aunque esto es más largo de explicar.
–Hay ciertos poetas que han asegurado que la poesía no es
útil. ¿El arte es útil?
–Cuando uno ve una obra de arte buena queda en tu memoria para
siempre. Es difícil, pero cuando se consigue estamos frente a algo
profundo: la belleza, que es lo que todo artista pretende.
–¿Qué papel juegan los curadores de arte en todo
esto?
–Los artistas que han tenido una educación formal, ya sea en la
Universidad de Chile o en la Católica, saben cómo funciona el medio
y, cuando egresan, están desesperados por entrar al circuito y se
acercan a los curadores con la esperanza de que les digan que sus
obras son interesantes y, de paso, que los metan en alguna bienal.
Por eso los curadores, hoy por hoy, tienen poder.
–¿Qué opinión tienes de esa gente del medio que ha
reflexionado sobre arte o sobre arte y política, como Nelly
Richard, por ejemplo?
–Yo creo que el arte siempre posee un componente político y me
parece muy bueno reflexionar sobre lo que significa la obra. Ahora,
lo que pasa es que yo no soy ningún intelectual: nunca he sido muy
cabezón y no sé por qué hago lo que hago.
–Detrás de esa incertidumbre, al parecer, hay una
convicción.
–La construcción de un lenguaje con medios tan limitados como la
pintura es un desafío. Cada generación va aportando con sus
experiencias y puntos de vista, y eso me apasiona.
–Cuando vas a la Expo de Sevilla, en 1992, parece que ya
habías logrado esa convicción. ¿O me equivoco?
–Parece. No lo sé. Lo que pasa es que esa era una selección
donde además estaban José Balmes, Carlos Altamirano, Arturo Duclós
y Bororo. Y, claro, en las selecciones influyen las modas y las
tendencias y nunca están todos los que debieran estar.
–Hablando de modas y tendencias, ¿no te parece que las
instalaciones que se repiten en Santiago constituyen eso
precisamente?
–Habría que juzgar todo en base a la calidad. En este sentido,
existen instalaciones muy buenas, pero también hay cualquier cosa y
la hacen pasar por arte, y ahí todo se desvirtúa, porque la cosa
debe ser genuina y el interés debe ser real. Entonces, a mí me
parece grave que un artista de poca monta, por hacer cosas
“interesantes”, se dedique a las instalaciones o a pintar.
¿LAS INSTITUCIONES FUNCIONAN?
–¿Qué piensas del Ministerio de Cultura?
–Hay gente que cree que el arte es un adorno y no una reflexión
sobre la experiencia humana, en la que se puede mirar la realidad
desde distintos ángulos para dar una mayor profundidad a la
existencia. Por un lado, la extrema derecha piensa que el arte es
sólo para decorar sus casas, y la extrema izquierda que sirve para
promover ciertos ideales. En Chile es especialmente pobre la
institucionalidad y el ambiente del arte. El año pasado estuve en
Colombia y me di cuenta de la calidad de las colecciones de sus
museos. Y lo más importante, estaban hechas con amor. Ahí están los
mejores Nemesio Antúnez que he visto.
Aquí, en cambio, hay falta de generosidad de todas partes,
porque de verdad no sé qué hacen con la plata, y hablo a todos los
niveles: pareciera ser que es más importante tapar un hoyo que
tener buenos museos. Otro ejemplo: Botero donó su colección de arte
a Colombia, y eso es fantástico. Mientras, en Chile se cierran
galerías de arte o se banalizan para sobrevivir.
–¿Cómo lo ha hecho Michelle Bachelet hasta el
momento?
–A mí me cae el descueve. Apoyo totalmente a mi Presidenta, y
todos los que la critican son unos idiotas. Y acuérdate, este
Gobierno será un buen Gobierno. ¡Van a ver nomás! Ahora, no creo
que le interese mucho el arte, porque ella es doctora, y me imagino
tendrá otras prioridades, pero nadie es perfecto: nuestra
Presidenta tiene fortaleza e ideales de un Chile mejor, y eso es lo
que importa.
–Por último, ¿te consideras un artista famoso?
–Soy un éxito más bien local.
En este momento se escuchan unos golpes en el portón. Es la
clave, advierte Samy, y abre. Es Bororo, quien pregunta qué van a
almorzar. Samy contesta que aún está ocupado y lo manda a comprar
cigarrillos. Bororo, desilusionado, sale caminando, como el niño
que alguna vez fue. Después del portazo, Samy responde una pregunta
postrera:
–Mi mánager es mi mujer, y es la mejor mánager que puede
haber.
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