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SHEILA GRANDÍO
29 de agosto de 2005
Lo que comenzó siendo una broma entre amigos se ha convertido,
gracias a Internet, en un pequeño movimiento popular. Un grupo de
universitarios estadounidenses ha elaborado una tesis que basa el
inicio de la vida en la existencia de un ser superior con cuerpo de
fideos –como los de la sopa. Suena absurdo, evidentemente. Pero sus
autores creen que si la comunidad científica termina dando validez
a las teorías religiosas, los libros de texto podrían llenarse de
explicaciones sobre el universo tan disparatadas como la suya.
Fieles, al menos en Internet, no les faltan.
Todo empezó en junio. Un estudiante de Física estadounidense
envió una carta
abierta al consejo escolar de la Universidad de Kansas en la
que aseguraba que el universo había sido creado por un ser llamado
el “monstruo del espagueti volador”. En la irónica misiva se
instaba al rectorado de este centro a que los planes de estudios
incluyeran la enseñanza de esta nueva teoría “científica”.
Podía haberse quedado en una simple (y cómica)
anécdota. Pero las redes de Internet y el tirón de un divertido
merchandising
ayudaron a que el fenómeno se
extendiera rápidamente por las universidades de EEUU. En pocas
semanas, cientos de seguidores de este nuevo culto, el
pastafarismo, hicieron lo mismo en sus respectivos
centros.
Con la camiseta del monstruo como bandera, exigen que su teoría
sobre el origen del universo obtenga el mismo rango que las teorías
religiosas que dicen que Dios creó el mundo. A fin de cuentas
–explican- ambas premisas están basadas en la fe.
Los pastafaris entran en el debate nacional
Es, en realidad, parte del debate que más voces está levantando en
el sector educativo de EEUU. ¿Se debe enseñar en las escuelas la
teoría del “diseño inteligente”, que niega el darwinismo y basa la
vida humana en la existencia de Dios? Los conservadores quieren que
se incluya en el currículum de las ciencias, pero la mayoría de los
científicos opinan que eso sería impartir la religión como una
ciencia, algo que no es.
Los orígenes de esta discusión se remontan a los años 80. Hasta
entonces, muchas escuelas habían impartido en sus aulas únicamente
la visión teocéntrica del origen del universo. Pero los tribunales
federales empezaron a obligar a los colegios a que al menos
dedicaran el mismo tiempo a las teorías evolucionistas. Algunos
grupos religiosos se revelaron, pero lo cierto es que las tesis
darwinistas terminaron por imponerse completamente.
En los años 80 los tribunales obligaron a impartir en las
escuelas el evolucionismo de Darwin.
Ahora, al menos 20 estados federales discuten sobre la conveniencia
de incluir el “diseño inteligente” en el temario de los colegios.
Muchos grupos y asociaciones se han unido a la discusión, aunque
ninguno lo ha hecho con tanto sarcasmo y buen humor como el grupo
de los pastafaris.
Tal vez de ahí venga su tirón.
“Hay pruebas escritas”
“Permítanme que les recuerde que hay varias teorías alrededor del
Diseño Inteligente. Entre ellas, la del Monstruo del Espagueti
Volador (…) Fue él quien creó el universo. Ninguno de nosotros
estuvo ahí para verlo, pero hay pruebas escritas sobre Su
poder”.
Así arranca la carta que han enviado cientos de miembros de la
“Iglesia del Monstruo Volador del Espagueti” a las instituciones
educativas de varios estados federales. Sus firmantes exigen que se
conceda igual rango que a las teorías creacionistas.
Dicen que los conservadores hablan de un ‘Creador’ y ellos de un
ser compuesto de fideos. Que cambian los protagonistas, pero que
los fundamentos son los mismos.
¿Y si el Creador estuviera compuesto por espaguetis?
Es, según han explicado, el Diseño Inteligente llevado al absurdo.
“No tengo problemas con la religión. Lo que me molesta es que se
venda la religión como una ciencia”, explica Bobby Henderson, el
iniciador de este movimiento. “Está bien que enseñen el
creacionismo en los colegios, pero no como parte de la asignatura
de ciencias. La ciencia es el estudio de fenómenos naturales y
observables”.
El debate sobre el Diseño Inteligente lleva tiempo sobre la mesa,
pero en las últimas semanas ha cobrado especial fuerza, sobre todo
desde que George Bush se mostrara partidario de que esta
teoría –apoyada por los conservadores- llegue a las aulas
estadounidenses.
La publicación de la “Teoría del Monstruo del Espagueti Volador”
también ha contribuido a animar la discusión. En los foros,
partidarios y detractores defienden sus tesis e incluso hacen
apuestas:
“Doy 25.000 dólares a la persona que pueda probar empíricamente la
teoría de la evolución”, reta una internauta a los autores del blog
Boing Boing. La respuesta no se ha hecho
esperar: “Nosotros daremos un millón de dólares a la persona que
pueda probar empíricamente que Jesús no es el hijo del Monstruo del
Espagueti Volador”.
Un “culto” que crece en Internet
Enseñar divirtiendo. La “Teoría del Monstruo del
Espagueti Volador” ha seguido esta premisa, y lo cierto es que le
ha funcionado. La imagen de ese bicho enmarañado se ha convertido
en el icono de los opositores del Diseño Inteligente, un hecho al
que notablemente han contribuido los productos de la colección de
merchandising (el dibujo no era el fuerte del autor, pero
con todo el diseño final ha calado).
Ahora, y con estas simpáticas anécdotas de fondo, habrá que esperar
a la justicia de los Estados implicados, sobre la que recae la
decisión de juzgar si la enseñanza del creacionismo en las escuelas
estadounidenses es constitucional o no.
Y si al final el Diseño Inteligente recibe la denominación
científica, quedará entonces por ver si la ironía del espagueti
emprende su propia batalla legal para abrirse hueco entre las
páginas de los libros de texto. |