Anoche, en una conferencia dada en Glasgow, el
astrónomo jesuita del Vaticano,
Guy
Consolmagno
tachó al creacionismo de "paganismo" y calificó
al dogma de la infalibilidad papal (que data de 1870) como un grave
error.
Astrónomo del vaticano rechaza el creacionismo como “una
clase de paganismo”
IAN JOHNSTON

Creer que Dios creó el universo en seis
días es un tipo de paganismo supersticioso, afirmó ayer el
astrónomo del Vaticano Guy Consolmagno (
Foto
izquierda).
El hermano Consolmagno, que trabaja como conservador de la
colección de meteoritos vaticana en Italia y en el Observatorio del
Vaticano en Arizona, dijo que la sociedad moderna ha desarrollado
el “mito destructivo” de que la religión y la ciencia son
ideologías enfrentadas.
Cosolmagno describió el creacionismo, cuyos seguidores quieren
enseñarlo en la escuela junto a la evolución, como una “especie de
paganismo” porque retrocede hasta los días de las “deidades
naturales”, a quienes se responsabilizaba de los eventos de la
naturaleza.
El hermano Consolmagno argumentó que el Dios Cristiano era
sobrenatural, una creencia que en el pasado llevó a los clérigos a
involucrarse en la ciencia para buscar razones naturales para
fenómenos tales como los rayos y los truenos, que previamente
habían sido atribuidos a dioses vengativos. “El conocimiento es
peligroso, pero también lo es la ignorancia. Esa es la razón por la
que la ciencia y la religión necesitan hablar la una con la otra”,
comentó.
“La religión necesita de la ciencia para alejar a la superstición y
mantenerse próxima a la realidad, para protegerse del creacionismo,
que a fin de cuentas es una especie de paganismo que quiere
convertir a Dios en una deidad natural. Y la ciencia necesita a la
religión para adquirir conciencia y saber que, solo porque algo sea
posible, no forzosamente es algo bueno que deba hacerse”.
El hermano Consolmagno, que dio una conferencia anoche en el Centro
para la Ciencia de Glasgow (Escocia) titulada: “¿Por qué el Papa
tiene un astrónomo?”, dijo que la idea de la
infalibilidad
papal había sido un “desastre”. Lo que implicaba era que, en
materia de fe, los seguidores debían aceptar que “alguien tenía que
ser el jefe, la autoridad final”.
Añadió: “no es como si él tuviera un poder mágico, que Dios le
susurra la verdad al oído”.