Marcelo Branco está
considerado como uno de los gurús de la contracultura digital.
MARCELO CAVALCANTI/CREATIVE COMMONS
BERNARDO GUTIÉRREZ - Río de Janeiro -
28/02/2008 20:15
Habla sepultando silencios. Con calma, pero sin pausa. Sus ideas
brotan de una manera exacta. Y no sobra una palabra. Después de más
de una década como ciberactivista, Marcelo Branco escupe
verdades, casi teoremas. Branco, que comenzó fundando el influyente
movimiento de software libre [aquél que puede ser libremente
copiado y distribuido] de Brasil, es considerado uno de los grandes
gurús de la contracultura digital. Fue consultor del Gobierno de
Lula y trabajó para la Generalitat de Catalunya como asesor en la
estrategia del software libre.
Además, es profesor honorífico del Instituto Superior
Tecnológico de Lima y miembro del Consejo Asesor de Software Libre
de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). En particular, cuando
habla de Brasil, donde recientemente se ha celebrado la primera
edición internacional de la Campus Party, Branco saca pecho: “Somos
líderes en casi todos los aspectos de Internet”.
¿Por qué esta habilidad?
Es una característica histórica de un pueblo muy mezclado
genéticamente. Somos un pueblo social, generoso, autodidacta por
excelencia… E Internet potencia todo esto. Si en la vida real
compartimos, en Internet, imagínese. Brasil, además de ser el país
del fútbol y el carnaval, es el país de Internet. Aquí no hay
ningún programa de inclusión digital que tenga que estimular el uso
de la Red.
En otros lugares, ¿es diferente?
En Europa, como por ejemplo en Catalunya, donde trabajé, la
tecnología es puntera pero el Gobierno tiene que estimular el uso
de Internet. En Brasil es al contrario. No hay tecnología, pero las
personas aprenden a usarla hasta sin tenerla. Le doy un ejemplo.
Estuve en Porto Alegre, en una feria tecnológica. Había un chico de
16 años, que vive en la calle desde hace seis. Yo le autoricé a
entrar, y él me preguntó, “¿dónde están los ordenadores?”. Navegó
sin dificultades. Y hace seis años que vive en la calle.
Entonces el estímulo se junta con la
problemática social. ¿Por eso los internautas brasileños son tan
activos?
Tienen un perfil muy politizado. Los internautas que vinieron a
la Campus eran activistas sociales, ecológicos, blogueros...
Siempre reivindicando.
"Internet es un espacio de
reivindicación, de negocios, de política, de
todo"
¿Es Internet más eficiente como
herramienta de protesta que las formas habituales, las
manifestaciones en la calle, por ejemplo?
Internet es un espacio de reivindicación, de negocios, de
política, de todo. La Campus fue el mayor ejemplo. Estaban las
grandes empresas y las comunidades, el pueblo. Pero lo importante
es que los contenidos fueron elaborados por los usuarios.
Tengo la impresión de que la Campus
Brasil fue un ensayo de un mundo futuro, es decir, grandes
corporaciones conviviendo con gente que las critica. Las dos partes
se necesitan, en un equilibrio de intereses…
Sí, son intereses contradictorios. Pero nuestra misión no es
resolver los problemas, sino darles visibilidad. La sociedad en red
no va a traer un mundo mejor necesariamente. La revolución
industrial ya lo demostró.
¿Por qué?
En Europa, las potencias industriales del Este y algunas como la
España de Franco desembocaron en dictaduras. En EEUU triunfó el
modelo individualista, egoísta. Ahora todos los países quieren
llegar antes a la revolución digital, pero la tecnología no es la
única condición.
¿Cuáles son?
Hay tres regiones del mundo que hicieron bien el tránsito de la
sociedad industrial a la digital. Una es Finlandia, que sí es una
sociedad en red. La segunda es Silicon Valley, un modelo exitoso
desde el punto de vista de la transmisión, los hogares conectados y
la banda ancha. Pero las libertades de creación son casi nulas
porque los intereses de mercado están por encima. La tercera región
es Singapur, donde casi el 100% de la población tiene ordenador en
casa. ¡Pero es una dictadura!
¿De qué depende entonces el
desarrollo de la democracia digital?
De decisiones. Por ejemplo, si el software va a ser libre o si
va a depender de monopolios privados. O si compartir música desde
el ordenador va a ser legal o no. Porque si es un crimen, hemos
perdido un derecho que teníamos en la era industrial: comprar un
vinilo y dejárselo a tu tía, a tu madre…Es inadmisible que, después
de años de revolución tecnológica, se pierda ese derecho.
"El P2P no es piratería. La
piratería es la compra de música ilegal"
Arguméntelo, para los que piensan que
el intercambio de obras es piratería.
El P2P no es piratería. La piratería es la compra de música
ilegal. Si legislaciones como la estadounidense [donde el P2P es
ilegal] son replicadas en el resto del planeta, éste no va a ser un
mundo democrático. Si el software fuese todo patentado, no
estaríamos construyendo un proyecto democrático. Si los formatos de
archivos no son estándares internacionales, si para abrir un
archivo público hay que usar un sistema de una empresa monopolista,
ese país no es democrático. No pueden ir primero las leyes de
mercado y después los derechos humanos. Y eso está pasando, los
lobbies están imponiendo
sus intereses. Como la SGAE en España. Es una organización
medieval, anacrónica. Creo que ha influido más en el Parlamento
español que los intereses de los ciudadanos.
¿Qué opina del canon digital?
Es un absurdo. Debería avergonzar a los españoles. El canon es
lo que está sosteniendo las sedes millonarias de la SGAE en toda
España. La recaudación ya no depende tanto de los derechos sino del
canon. La SGAE ha invertido su papel. Ya no es una entidad de
protección de los autores, sólo de recaudación. No tiene nada que
ver con los creadores.
¿Cómo valora los avances digitales de
la era Lula?
Ha habido mucho avance, no hay duda. El papel de Brasil ha sido
fundamental. Hemos creado un bloque de países en desarrollo, y
discutido la flexibilización de la propiedad intelectual. En la
Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, Brasil y
Argentina lideran un frente llamado agenda del desarrollo. Y el papel de
Gilberto Gil [ministro de Cultura] como propagandista ha sido
bueno. El ministerio de Asuntos Exteriores, además, tiene una
postura general muy parecida a la del movimiento del software
libre. En el escenario interno hemos avanzado, aunque hay
dificultades técnicas. Cuando Lula llegó, un 8% de la población
tenía acceso a Internet. Después de seis años, tenemos un 25% de la
población, un avance significativo. Y lo más importante, todos los
programas del gobierno digital del Gobierno de Lula están hechos
con software libre, a pesar de que ha recibido grandes
presiones.
¿Por qué Brasil resiste estás
presiones?
Porque no hay ni un solo ministerio que no tenga este espíritu
de software libre. Hasta las fuerzas armadas están emocionadas. Es
una voluntad política impresionante. Te da independencia como país
y ahorras dinero.
¿Qué falta para completar el ciclo
del software libre?
No existe una estrategia clara en la política industrial.
Todavía se concibe la economía con una lógica antigua, la lógica de
la exportación, cuando los productos, la tecnología, debería
quedarse en el país. Hay que usar el software libre como motor de
la innovación, y que genere empleo y riqueza.